lunes, marzo 16, 2015

Raúl Argemí - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

¿Por qué alguien quiere ser jugador de fútbol, bombero, maestro? Supongo que la respuesta está en la infancia. En mi caso, los libros –tenía muchos a mi alcance, y libertad de exploración– se me hicieron imprescindibles cuando murió mi padre, que un año antes me había enseñado a leer. Uno empieza jugando con sus juguetes, luego los desarma para ver qué tienen adentro y, vaya a saber por qué, un día empieza a fabricar juguetes. Algo así como adueñarse de la magia que lo deslumbró. Pero, tengo algo claro: cualquier certeza en ese sentido es imaginaria, una construcción posterior para explicar el misterio original.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Supersticiones o manías, ninguna. Sí, prefiero darme una espacio donde nadie me moleste –apago hasta el teléfono– y saber que tengo por delante muchas horas para relacionarme con ese mundo naciente que es el texto, la historia, de la que sé poco, pero ya me lo va a contar. Lo otro, que como argentino, no me puede faltar el mate y el cigarrillo.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

La identidad, y ese mundo oscuro, soterrado, animal, que nos mueve por debajo del barniz civilizado. Al fin, el individuo, la persona, inevitablemente como ser social producto de fuerzas que lo superan, como la Historia.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

En el lenguaje del fútbol: transpirar la camiseta. Sólo me puedo quedar conforme si puse en juego todo lo que tenía. Mucho o poco, pero todo. Si lo que uno escribe se hace libro, habrá un lector que me dé un tiempo de su vida al leerlo. Como dijo Andreu Martin: será mejor que tenga algo para darle a cambio. Es secundario si el libro es bueno o es malo, lo que vale, para que no me sienta un estafador, es que lo compense con el tiempo de mi vida que puse en la escritura.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

No planifico, a mí eso no me funciona. Arranco con una historia que quiero contar, algo así como un fantasma, una sombra de historia. Y después paro la oreja. Puedo comenzar escribiendo escenas que serán luego el capítulo veinte. Algo así como una desorganización biológica, porque las partes llamarán a otras partes y se irán organizando “naturalmente”.  Además, arrancar así, me permite descubrir la voz narrativa, la música, el ritmo, que necesita esa historia. Tiene mucho de aventura, y eso es lo que más me gusta: ir descubriendo los personajes, quienes son, sus manías, y lo que me piden. Es como ser el medio de un proceso con vida propia, que se alimenta de mí, pero que prefiero controlar en lo estético.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Una pregunta fatal. Borges dijo alguna vez que un hombre es culto cuando repite, como propias, palabras o conceptos de libros que leyó y ya no recuerda. Todos los libros me han dejado algo. Un amigo traducía lo de Borges en términos más caseros: el que no es hijo de nadie es un hijo de puta.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Recientemente publiqué un relato, “El caso del astrólogo, el muerto y curiosos sincretismos”, en el volumen “Doce relatos oscuros”, de la colección Código Negro, en Buenos Aires. Lo último que escribí es una novela muy dura, “A tumba abierta”. Se publicará en España por setiembre, más o menos, y en Francia en 2016. No sé si llamarla novela negra; para mí fue una ventana al Infierno. Lo del principio, sudar la camiseta hasta la última gota.


Raúl Argemí nació en 1946 en La Plata (Argentina). Vivió varios años en la Patagonia, donde era periodista, y gran parte de sus historias tienen relación con ese escenario. En el año 2000 se trasladó a España, donde ganó varios premios literarios, y en 2013 retornó a Argentina, donde trabaja como periodista. Sus obras han sido publicadas en Argentina, España, EEUU, Holanda, Italia, Alemania y Francia. Publicó las novelas El gordo, el francés y el ratón Pérez, Los muertos siempre pierden los zapatos, Penúltimo nombre de guerra, Patagonia Chu Chu, Siempre la misma música, Retrato de familia con muerta, La última caravana, Pepé Levalián: El ladrón de paraguas, Pepé Levalián: Bandidos y dragones y El ángel de Ringo Bonavena. Hay relatos suyos en diversas antologías, la última de las cuales se titula Doce relatos oscuros.

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