lunes, febrero 19, 2018

Leila Sucari - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Por impulso. Para detener el tiempo. Por el placer de multiplicarme y de ser otros. Para descubrir algo que no sepa.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Escribo cuando puedo, donde puedo. No tengo rituales. Mi escritura se adapta al contexto y al caos. Mi situación ideal es estar sola en mi casa, con un mate y mi gata cerca de la computadora. En silencio.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesa lo que está fuera de lugar, lo que no encaja. Me atraen las miniaturas tanto como lo descomunal. Las fisuras, los límites difusos. Cuando escribo, el tema no me preocupa demasiado, es algo que viene después. Mi intención es dejar vivir a los personajes y ver para dónde me llevan.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Arriesgar. Ir contra los lugares comunes y contra la autocensura. Entregarme a lo que sucede en el relato. Buscar el hueso.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Puedo partir de una idea, una imagen o una sensación, pero nunca sé con exactitud adónde me llevará. Disfruto el desconcierto, que un párrafo me lleve al siguiente. El asombro es un motor, si supiera todo de antemano no tendría sentido sentarme a escribir. Si planifico, el texto me parece impostado. Prefiero estar alerta, escuchar lo que necesita el relato y avanzar sin saber cómo sigue la historia. Es casi un acto de fe. Lanzarse al vacío y después ir armando el esqueleto.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Cambian según la época. Silvina Ocampo, Clarice Lispector, Henri Michaux, Feliberto Hernández, Fernanda García Lao, John Fante, Sharon Olds, Herta Muller, Gilles Deleuze y Tanizaki son algunos de los que están en mi cabecera.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Estoy corrigiendo una novela donde hay una mujer con su hijo, ballenas que quedan varadas en la costa y una mezcla de desolación y deseo furioso por sobrevivir.




Leila Sucari: Nací en Buenos Aires en 1987. Estudié artes visuales, periodismo y filosofía. Hice taller literario con Fernanda García Lao y taller de crónica narrativa con Josefina Licitra. Publiqué tres relatos de no ficción que fueron seleccionados para formar parte de Felina, Antología para gatos (Editorial La Tuerca, 2014). En 2016 mi novela Adentro tampoco hay luz ganó el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes y en 2017 fue publicada por Editorial Tusquets. Trabajo como periodista freelance escribiendo para revistas como Rumbos, LaAgenda, Brando, etc.

lunes, febrero 12, 2018

Daniel Jándula - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Por varias razones, pero tengo tres básicas:
- Porque cada vez se lee menos.
- Porque he fracasado estrepitosamente en todo lo demás, y la literatura es de las pocas cosas que me queda por fastidiar.
- Porque no me planteo hacer otra cosa.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Las manías las mantengo fuera del trabajo, en la medida de lo posible. Trabajo siempre con música alta, a cualquier hora, y mi escritorio está lleno de cosas, pero no les concedo importancia, sencillamente me gusta estar rodeado de objetos y sonidos. Generalmente, escribo a mano y luego paso lo escrito a ordenador. Antes de escribir aparto un tiempo de oración, pero lo que ocurre ahí es tan personal que no quiero contar nada de ello.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesan cuestiones relacionadas con el ser, como la materia y el intrusismo. Pero no sé si las llamaría temáticas.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Ninguno. Me encuentro siempre muy despistado, y me temo que los consejos me bloquearían todavía más. Lo que mejor me funciona es una charla literaria de vez en cuando con algún amigo.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Planifico todo lo posible, hasta el absurdo… cuando me lanzo a escribir, tiro todo lo que he investigado y desarrollado.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

No tengo autores o libros de cabecera (tampoco tengo cabecera, duermo en una cama sin apoyos), y nunca he completado la obra de nadie. Tengo importantes lagunas como lector, y soy muy anárquico escogiendo libros. Pero regreso cíclicamente a John Fante, Beckett, Kafka, Vonnegut y Philip K. Dick, además del Eclesiastés. El mayor descubrimiento de los últimos años está entre Ayn Rand, Irène Némirovsky y Julian Barnes. Ahora estoy releyendo trozos de Cortázar, Onetti, V. Woolf, Vila-Matas y Foster Wallace. A veces, siento deseos irrefrenables de regresar a la obra de Thomas Bernhard, Michael Chabon y José Antonio Garriga Vela. Si alguna vez completo una bibliografía, será de uno de ellos.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Preferiría no hacerlo.



Daniel Jándula (Málaga, 1980) colabora en las revistas Quimera y Viaje a Ítaca, y ha ejercido de redactor en medios decanos como Ruta 66 Revista de Letras. En 2009 publicó El Reo, ficción articulada a partir de la biografía del disidente Dietrich Bonhoeffer, tras realizar cursos en la Facultad de Teología de Alcobendas (Madrid). Es coautor de Pistolas al amanecer (junto al periodista Jordi Torrents), cuyo argumento está protagonizado por dos militares holandeses que dejan un duelo inconcluso. Algunos relatos suyos han aparecido en The Barcelona ReviewBcn MesVulture y Paralelo Sur. En la actualidad traduce textos (la mayoría científicos) del inglés al castellano y redacta catálogos para museos y centros artísticos. Su libro más reciente es la novela Tener una vida (Candaya, 2017). Su web es danieljandula.es 

lunes, febrero 05, 2018

Ramón Acín - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Creo sinceramente que a escribir me impulsa el hecho y la necesidad de conocerme a mí mismo y conocer el entorno que me rodea. Eso es, en verdad, lo que hay detrás de cuanto he creado y escrito: saber del mundo y del tiempo en el que se vive. Siempre he concebido la escritura como una exigencia de conocimiento y de explicación. Como un arma eficaz que ayuda ante la vida, porque fiel al tiempo en el que el arte nace, ayuda a explorar, a observar y a explicar cuanto rodea. Sin obviar, por supuesto, la pasión y la diversión de la escritura, pues si al escribir yo sufriese como apuntan algunos cuando hablan del terror ante la hoja en blanco, hace tiempo que habría abandonado la literatura. Escribir es aprender y divertirse y el día en que estos dos pilares, tan clásicos y vitales para mí, desaparezcan, yo dejaré de escribir.
Además, en mi persona, escribir siempre va acompañado de leer, porque concibo que la literatura es una de las mejores fuentes de la sabiduría al resumir formas de estar en el mundo y en la vida. Formas que otros seres humanos pensaron, tras imaginar, observar y reflexionar para lanzarlas como guía de actuación y como filón de diversión.  Si leer es placer y al tiempo enseñanza (como ya apunta la máxima de los clásicos con su “docere y delectare”) escribir es su gran complementario, el que cierra, de forma definitiva, el arco de estar en el mundo y de vivir en él sabiendo o intentando comprender como es.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

La vida es cambio y mudanza. Algo semejante puedo aplicar a la mis costumbres y manías a la hora de escribir. Las circunstancias mandan. Antes, de joven, la alta noche fue reina junto al tabaco y algún que otro “reconstitutivo” alcohólico. Con el tiempo, no mucho, la lógica se impuso y las fantasías librescas, bohemias o fabulosas, se disiparon. Es decir, que abandoné la noche y los esquemas diarios de trabajo se impusieron. En una palabra: escribo (como hecho físico de escribir) dos horas al día, generalmente apenas me levanto (madrugo bastante). Lo hago a sabiendas de ese aire de ayuno y ensueño que permite tanto recuperar los espejismo de la noche como centrarse en las historias dormidas. Lo hago sin prisas porque no importa lo mucho o poco que escriba, sabiendo siempre que, además, lo escrito deberá pasar el cedazo de la lectura del anochecer si es posible.
Siempre releo lo escrito antes de volver a la historia con la que batallo. Cada mañana releo lo de días anteriores, porque así descargo mi mente de lo que hasta ese momento me ha torturado a lo largo del día anterior. Una manía.
En cuanto espacios, mi casa, sólo mi casa y en mi despacho (No rindo en hoteles y demás, salvo para lectura y crítica de libros o escritura de artículos). En silencio. Con toda la documentación alrededor, sea de libros, revistas, películas  o fotografías. Y poco más digno de mención. Lo normal, vamos.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Creo que el escritor es hijo y testigo de su época y, como tales, responde a todo (ojalá) cuanto esa época tiene. Lo normal es que los temas universales de siempre estén presentes en mis textos porque son esenciales en la vida. No obstante, para mí son básicas unas temáticas que me ayudan a entender la vida y que van desde el paraíso perdido visto con melancolía (no con nostalgia, porque no sirve de nada) hasta hechos transcendentales en nuestra historia pasada como la importancia de la trágica guerra civil. Ambos temas me sirven de explicación a lo que no entendí en la infancia y primera adolescencia. Quizás, habría que añadir temas como la transcendencia, la importancia del paso del tiempo y la celebración de la vida observada desde el defecto casi siempre. Por eso, me interesan los perdedores frente a los héroes. Ofrecen más aristas.

4.- ¿Algún principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Sí, algunos. El primero: que una cosa es escribir y otra cosa es dar el texto a la imprenta. Otro: cuando una historia, por muy avanzada que éste, no sigue, lo mejor aunque duela, es desecharla. 

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

No soy escritor de plano con todo detallado antes de ponerme a escribir. Al contrario, soy de brújula. Basta con una frase, un impacto, una sensación para que la mente se active. Eso sí, desde la activación a la escritura, la idea, sensación, título, impacto, etc. debe bullir en mi cabeza algunos días para ver si cuaja su masa. Solo cuando esto acontece, comienzo a escribir dejándome llevar (pero con mi nebulosa ya en la cabeza, claro).

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Es difícil circunscribir tus intereses a unos pocos títulos. El listado sería interminable, desde los clásicos a la actualidad. Uno es hijo de todo cuanto lee, lo bueno y lo malo, porque todo enseña. Para bien o para mal. Por eso, incluso a los libros vacíos habría que citarlos, por su enseñanza. No obstante, te cito algunos de autores básicos que siempre están a mano: Gracián, Cervantes, Rulfo, Kafka, Céline, los realistas rusos... para que seguir. 

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

El último libro publicado es El tamaño del mundo, una novela que aborda los primeros cuarenta años del siglo pasado en un espacio muy concreto de Aragón, los Pirineos, aunque  existen otras ramificaciones espaciales complementarias. Todo sucede en una familia que va haciéndose desde la ilusión al fracaso, representado éste por la guerra civil. El despertar a la vida, el azar, la felicidad y celebración de la vida, la tragedia, la muerte, el trabajo, las ilusiones, los sucesos de la historia, la fuerza del tiempo, la despoblación, las mutaciones del espacio, la memoria, el olvido... son algunos de los hilos que la “sostienen”. Y quiere ser una novela de aprendizaje, de la naturaleza y sus cambios, de viaje e histórica cuando menos.


Ramón Acín (Piedrafita de Jaca - Huesca). Doctor en Filosofía y Letras (Universidad de Zaragoza), Catedrático de Lengua y Literatura. Académico de número en Real Academia de Bellas Artes de San Luis (Zaragoza). Escritor y crítico literario.
Como crítico, entrevistador o articulista, sus textos han aparecido en revistas y prensa diaria. Ha impartido conferencias y ponencias en congresos nacionales e internacionales, así como en cursos de verano, universidades extranjeras y españolas. También ha dirigido e impartido talleres literarios y cursos sobre lectura y literatura.
Fue el creador y director de “Invitación a la lectura”, programa didáctico-lector de la Comunidad Autónoma de Aragón (1985-2011).
Es autor de los ensayos Narrativa o consumo literario (Prensas Universitarias, Zaragoza, 1990. Reimpresión, 1992 y 1999), Los dedos de la mano (Mira, Zaragoza, 1992. 2º ed. 1993), En cuarentena. Literatura y mercado (Mira, Zaragoza, 1996. 2º ed. 1997), La línea que come de tu mano (Ediciones De la Torre, Madrid, 2000), Aproximación a la narrativa de Tomeo (Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 2000) y Cuando es larga la sombra (Zaragoza. Ed. Mira, 2009).
De las novelas Extraños (Prames, Zaragoza, 2000), La marea (Algaida Editorial, Sevilla, 2001), Cinco mujeres en la vida de un hombre (Algaida Editorial, Sevilla, 2004), Siempre quedará París (Algaida Editorial, Sevilla, 2005. Cuarta  edición: 2014), Muerde el silencio (Algaida Editorial, Sevilla, 2007. Segunda edición: TodoeBook, 4ª de. 2012), Ya no estoy entre vosotros, (Mira, Zaragoza, 2014) y El tamaño del mundo, (Doce Robles. Zaragoza, 2017).
De dietarios, literatura juvenil e infantil y también libros de relatos como Abrir la puerta (Editorial Traspiés, Granada, 2013) o Monte Oscuro. Álbum de familia (Los libros del Gato Negro. Zaragoza, 2016).
http://ramonacin.blogspot.com.es/

lunes, enero 22, 2018

Xenia García - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Esta es una de las preguntas imprescindibles y más difíciles de responder con honestidad. Me lo he preguntado muchas veces. ¿Por qué una comienza a escribir? ¿Por qué seguir escribiendo y para qué, si está todo dicho? No sé por qué comencé a escribir tan pronto. Yo escribía mientras mis amigos salían, escribía mientras mis amigos jugaban, escribía mientras ellos veían la tele. Y por supuesto que también salía y veía la tele, pero escribir para mí era como jugar. “La literatura es la infancia recobrada”, dice Bataille. Y yo creo que jugué poco en mi niñez. Quizás por eso escribía.

A los ocho años, una de mis tías me regaló un diario retándome a escribir sobre las cosas que me preocupaban. Poco a poco me di cuenta de que escribiendo conocía más de mí misma y de mi entorno, empezaba a comprender ciertas cosas que pasaban a mi alrededor. Aquella costumbre la conservé durante muchos años. Actualmente guardo más de quince diarios escritos en un baúl que me hizo mi abuelo con sus manos.

Más tarde -tendría unos diez años- tomé conciencia de que esas palabras no sólo podían servir para contar lo que ocurría en mi mundo, sino para narrar lo que ocurría en mi cabeza y para crear otras realidades. Y me puse a escribir.

Creo que continúo escribiendo para darle sentido a la vida, porque a veces parece que carece de sentido, es tremendamente caótica, por mucho que intentemos llenarla de reglas y de pilares. La realidad continuamente se tambalea y nos sacude. ¿Quién entiende la realidad? Supongo que escribo para intentar darle un sentido a todo lo que no comprendo. Para mí, escribir es imaginar, vivir de otra manera, sentir de otra manera. Escribir es una forma de estar en el mundo.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Necesito una separación un tanto física, pero tengo pocas manías y aún menos supersticiones. Eso sí, para mí es fundamental sentir que me siento a escribir. Necesito atravesar ese umbral que supone eliminar todo pudor y dejarse llevar por el juego. Tomar notas es otra cosa, claro. Apuntar las ideas aquí o allá me resulta fácil: en el móvil, en la libreta que llevo en el bolso, en las servilletas o en un marca páginas. Pero escribir… escribir, corregir, pulir el cuento es otra cosa.

Como dijo Clarice Lispector, digamos que “escribo con todo el cuerpo”.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me interesa mucho el carácter ilusorio de la realidad, con sus tiranías, sus engaños, obsesiones, rutinas y repeticiones. Me gusta jugar con la posibilidad de crear realidades diferentes en ese entorno en el que parece que está todo dicho y establecido, y probablemente sea así. Por eso la mayoría de mis historias ocurren en el hogar. La familia es el principio y el final de todo.

Otro de mis temas recurrentes es la maternidad en toda su complejidad, como redención o como castigo. Y relacionado con la maternidad, la otredad y la alteridad, sobre todo en las relaciones personales, en el ámbito familiar y sexual. Ese tomar conciencia de uno mismo en el contacto con el otro, con nuestras pasiones, nuestras miserias, nuestros miedos.

Y, por supuesto, me gusta que mis personajes tengan dilemas éticos ante las instituciones impuestas socialmente: la monogamia, el matrimonio, la maternidad, el goce al sufrimiento. La aceptación o no de lo que les ha tocado vivir.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Consejo, ninguno. No me atrevería. Lo que sí tengo muy presente es que “todo cuento siempre cuenta dos historias.” No recuerdo quién lo dijo pero es un pensamiento de cabecera para mí. En la ficción y en la realidad. Creo que nos gusta con demasiada frecuencia coquetear con la ingenuidad, fingir que no sabemos, que no nos enteramos. Pero la verdad es que todo está lleno de razones escondidas y dobles sentidos. Me gustan los cuentos que siembran la duda y provocan.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Ni una cosa ni la otra. Depende del cuento en realidad. A veces tengo el título y a partir de ahí desarrollo la historia. Otras veces es una conversación que escucho en la puerta del colegio o en la sala de espera del médico. Algo que me llama la atención lo suficiente como para que se agarre unos días, incluso unas semanas. Y de pronto un día tengo la necesidad de sentarme a escribirla porque no me deja tranquila, es una especie de desasosiego que no sabría explicar, que incluso me pone de mal humor en casa hasta que no consigo sacarme la historia de la cabeza.

Esto mismo me ha ocurrido con varios relatos del libro El trigo que cae. Un día, por ejemplo, vi un documental sobre la transexualidad infantil que me dejó impresionada, sobre todo cuando una madre explicaba cómo su hijo mayor, de unos cuatro años de edad, tuvo una crisis de ansiedad al ver cómo a su hermano recién nacido se le desprendía lo que quedaba de su cordón umbilical. Él quería que desprenderse de su apéndice también y no hacía más que suplicarle llorando a su madre que se lo arrancara, que no lo quería. Obviamente se refería a su pene porque él era ella, se sentía ella, se pensaba ella. Tremendo. Ese fue el germen, por ejemplo, de Cosas que pasan cuando vas a por el pan.

Después, conforme me dejo llevar por la historia, mis personajes suelen volverse más sólidos, el tono del relato va evolucionando (¡qué dificilísimo es encontrarlo!), la atmósfera va tomando consistencia. A menudo me ocurre que lo que tenía planificado en un principio no se parece nada al resultado, salvo por un detalle o una sola línea de diálogo. Como la vida misma.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

¡Tantísimos! Por supuesto Cortázar, todo empezó con Cortázar para mí. Hebe Uhart, K. Mansfield, Hemingway, Patricia Highsmith, Carver, Richard Ford, Sara Mesa, Kafka, Hipólito Navarro, Ángel Zapata, Quim Monzó, Lorrie Moore, Samantha Scheweblin, Marcelo Luján, Eloy Tizón, Marina Perezagua, Andrés Neuman, Fleur Jaeggy, Cristina Fernández Cubas, Unica Zürn y un largo etcétera. Que nadie busque mucho orden en esta relación porque no la hay (acabo de poner a Sara Mesa junto a Kafka, fíjate). Paso de unos autores a otros, aunque sí es cierto que en los últimos años leo sobre todo a mujeres.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Mi último proyecto es mi primer libro de relatos, El trigo que cae, publicado por la Editorial Talentura. He escrito desde siempre, he participado en algunas antologías y colaborado con algunos proyectos literarios, pero nunca tuve la ambición suficiente. Vi llenarse mi cajón de historias escritas y guardadas, hasta que hace un año me inscribí a un taller que daba Sara Mesa (Hay poca elipsis now) que fue sin duda el empujón que necesitaba. Al corregir uno de los ejercicios del taller, me escribió haciendo referencia al talento y sutilidad especial que había descubierto en mi cuento. Sus palabras me dieron cierta seguridad en mí misma y el valor necesario para lanzarme y romper esa barrera del pudor que tiene todo escritor.

A partir de ese momento, me puse a trabajar en el manuscrito. El trigo que cae recoge veinte relatos de personajes que intentan superar la incomunicación y la culpa, que desconocen esa fórmula mágica para lograr que un grano de trigo caiga en la tierra y no muera. ¿Por qué hay relaciones que florecen y otras que apenas brotan? ¿Cómo evolucionan esas relaciones?


Mariano Zurdo, editor de Talentura, me contestó inmediatamente mostrando mucho interés por el manuscrito. Desde el 24 de noviembre está en las librerías.


Xenia García (Sevilla, 1975). Periodista. Cuenta con una amplia trayectoria en el sector de la comunicación corporativa e institucional. Cuando sus hijos duermen, escribe relatos. El trigo que cae es su primer libro de cuentos.

lunes, enero 15, 2018

Manuel Guedán - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Porque me encanta desdecirme, retractarme, corregirme y pedir disculpas. Cuando hablo me descubro, pero la escritura me permite hacer todo eso sin que se note.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Cuando el texto no me gusta, empiezo a cambiar la tipografía en el procesador. A veces tengo la sensación de que mejora. Al menos durante unos segundos.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Me preocupan mucho las cosas que parecen buenas, y luego lo serán o no, pero de entrada lo parecen.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Evitar las parejas de adjetivos que llevan casadas demasiado tiempo, como por ejemplo “tenía los dedos largos y huesudos”. Lo novedoso, lo que merecería ser nombrado, es que tuviera unos dedos largos y rollizos o cortos y huesudos.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Hasta ahora he sido muy planificador. Pero estoy tratando de aprender nuevas formas de trabajar: justamente eso intento cambiarlo.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Me ceñiré al español: me gustan Belén Gopegui, Luis Magrinyà, Alia Trabucco, Yuri Herrera, Pedro Lemebel, Richard Parra

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Ahora estoy intentando hacer una adaptación contemporánea del Lazarillo: pensar cómo sería hoy día aquello del mozo de muchos amos. Pero no tengo ni idea de qué saldrá.


Manuel Guedán (Madrid, 1985) es autor, ha publicado el ensayo Yo dormí con un fantasma y la novela Los favores. Ha trabajado en la editorial Demipage y fue coordinador de la revista literaria Buensalvaje. Imparte clases de escritura en el Hotel Kafka y colabora en distintos medios como CTXT, Público… 

lunes, enero 08, 2018

María José Codes - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribo porque es mi manera de tratar de comprender lo incomprensible. Pienso que las artes son una forma de expresión personal, de lengua propia (extranjera, diría Proust) con la que se construyen visiones subjetivas de la realidad, con sus particularidades y filtros. Estas realidades también existen, lo aprendí con mis lecturas. Además escribo por gratitud. Es mi contribución, a mínima escala, a ese mundo de libros en el que he crecido.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Jamás he podido escribir y escuchar música a la vez. Si hago lo uno no puedo hacer lo otro. Por lo demás, me esfuerzo por no tener manías, para no depender de ellas ni ponerlas como excusa para no trabajar. Claro, prefiero escribir en mi mesa, con mi ordenador y rodeada de mis libros, pero soy capaz de hacerlo en otras situaciones y con otros medios.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

La dificultad en la comunicación. El lenguaje hablado y escrito como arma de doble filo, su ambigüedad, su poder. La lengua del pensamiento, sus circunloquios y laberintos, sus trampas, sus errores de interpretación. Y los silencios, su abismo.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No olvido que existe el lector. Que al lector le debo un protocolo, ciertas reglas para que me escuche, para que me lea, y para que lo haga hasta el final.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Nunca tengo todo planificado de antemano. Cuando comienzo a escribir una novela tardo un tiempo, unas cuantas páginas, hasta que logro el tono y la dirección. Luego avanzo y avanzo hasta que llega un momento en que debo hacer un alto para aguzar la vista y divisar la meta, aunque sea entre nebulosas.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Hay autores, novelas y libros de poemas que han significado mucho para mí. Recuerdo que mi lectura de Las olas de Virginia Woolf, recién llegada a la universidad, me cambió la percepción de la lectura y la escritura. Con el tiempo he leído con devoción a muchos autores y autoras. Citaré solo tres porque la lista es muy larga: Don De Lillo, Tom McCarthy y Marlen Haushofer.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Acabo de publicar la novela breve Los intactos, en la editorial Pre-textos, con la que he tenido el honor de recibir el Premio Juan March Cencillo en su XXV edición. En ella, se exploran los caminos del olvido para la reconstrucción de la identidad.


María José Codes ha publicado las novelas Los Intactos (Pre-textos, Premio Juan March Cencillo, 2017), La peluca de Franklin (Menoscuarto, 2014), La azotea (Premio Cáceres de Novela Corta, 2009) y Control remoto (Premio Río Manzanares, 2008),  además del ensayo Intriga y suspense: el gancho invisible (Alba editorial, 2013). Cuenta con relatos en distintas antologías y posee el Premio del Club del Libro en Español de las Naciones Unidas, que se concede en Ginebra. Es licenciada en Historia del Arte y profesora de Narrativa en la Escuela de Escritores y en Hotel Kafka.

domingo, enero 07, 2018

Recomendación de Quimera

La revista Quimera ha incluido mi libro "Cierta distancia" entre sus recomendaciones en su último número.
"Imprescindible para entender esa enfermedad llamada literatura", dicen.



lunes, diciembre 25, 2017

Navidad 2017

En primer lugar, copio aquí el mensaje que puse en Facebook: 

Bueno, yo diría que no soy muy navideño. En general, estoy más cerca de afirmar que no me gustan las navidades, con su frenesí comercial, los obligados encuentros que a veces terminan como campos de batalla o las ausencias de seres queridos. Apenas empiezan ya estoy deseando que terminen. Y sin embargo, no sé por qué, hoy llevo todo el día una medio sonrisa colgando, y me despido de la gente como si no nos separáramos sólo un fin de semana, más bien como si nos fuésemos durante años al otro extremo del planeta. Y a la mínima de cambio digo "¡Feliz Navidad!" mientras estrecho las manos o nos damos un abrazo. Y todo el mundo me responde de la misma manera, lo cual me produce una sensación extraña de cercanía. Así que lo único que puedo deciros en este momento, amigos míos, es, por supuesto, ¡¡FELIZ NAVIDAD!!

Y, como todos los años, dejos unos videos hasta después del día de Reyes.

 Un video musical del grupo Parenthetical Girls titulado "Evelyn McHale".

   

Evelyn McHale fue una chica que a los 23 años se suicidó arrojándose desde lo alto del Empire State Building, el 1 de mayo de 1947. Su cadáver, inerte sobre el techo de un coche negro fue captado por el fotógrafo Robert Wiles. La imagen mostraba la belleza de la muchacha, con una expresión de serenidad que resultaba algo inquietante en ese contexto. 


Pronto se convirtió en un icono. Fue portada de la revista "Life" e incluso Andy Warhol la utilizó para una de sus obras.

   

Hace unos meses descubrí elprograma "Juegos mentales". Me gustó mucho y lo busqué por youtube. Encontré algunos episodios. Os pongo a continuación el dedicado a la moral. Os lo recomiendo.

   

Y, para finalizar, por supuesto, un villancico a cargo de Celtic Woman:

   

 En fin, amigos. 

 ¡FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO NUEVO!

lunes, diciembre 18, 2017

Tania Padilla - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Supongo que porque no tengo otra elección. Siempre me ha interesado la actividad artística. Mi abuelo era escultor y ya desde pequeña empecé a trabajar con el barro. Luego me pasé al dibujo. Pero era malísima para las artes plásticas. Y por otra parte siempre me gustó leer e imaginar historias. Empecé escribiendo poesía y luego hice algo de teatro, pero desde hace unos años es en la novela donde encuentro mi voz. Me parece el género total. O al menos para mí lo es. Yo escribo para inventar realidades alternativas que me enriquezcan el presente, para profundizar en mi visión de las cosas y así poder conocerme mejor, para revisitar el pasado y saldar cuentas (emocionales) conmigo misma. Y todo eso me lo permite la novela.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Soy poco maniática y escribo de forma no muy disciplinada. Suelo dedicar las mañanas a mi trabajo como investigadora y las tardes a leer y escribir. Empiezo leyendo para entonarme y acabo delante del ordenador, a veces demasiado tarde, cuando ya casi se me ha echado la noche encima. Por eso suelo tardar en escribir novelas. Por eso, y porque luego corrijo mucho. Soy una obsesa de la corrección, de la prosodia de la frase (salvando las distancias, como Flaubert).

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Mis novelas (las que he escrito hasta ahora) hablan sobre la comunicación humana (el poder de la palabra, de las historias, del arte), la mentira y la traición, el paradigma de lo femenino, la invención del amor o el viaje como acontecimiento iniciático (como en La Odisea o en El “Quijote”). 

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

El tiempo. Las novelas requieren tiempo, irse haciendo a fuego lento, sin prisa y con mucho cariño. Hay que tener mil ojos y mucha paciencia. Saber hacer. Todo despacio y bien. Y, desde luego, como diría la gran Virginia, para eso hace falta una habitación propia. Esa es la gran conquista, la de las mujeres en particular, pero también la de los escritores en general. La habitación propia es un espacio que también está hecho de tiempo.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

Yo creo que para la novela hay que planificar bien las cosas, porque si no, no hay historia, o al menos no hay una historia bien contada. Y la novela tiene que contar algo. Lo demás es prosa poética, evocación… A mí me gusta planificarlo todo muy bien, pero dejando margen para que los personajes (aunque solo sea de vez en cuando) puedan tomar sus propias decisiones; especialmente en los diálogos, que es donde uno suele perder las riendas del texto, quizá por el efecto hechizante de la polifonía.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Tengo una buena nómina de referentes literarios, tanto narradores como dramaturgos y poetas. Cito solo a algunos: Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Sor Juana Inés de la Cruz, Oscar Wilde, Valle-Inclán, Virginia Woolf, G. K. Chesterton, Jorge Luis Borges, Tom Wolfe, J. D. Salinger, John Irving, Jonathan Franzen, Yasmina Reza, Javier Marías… Y recientemente he descubierto a Andrés Barba. Dos de las novelas más apasionantes que he leído en los últimos años: Las correcciones, de Franzen, y Lo que queda del día, del reciente nobel de literatura Kazuo Ishiguro

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


Ahora acaba de publicarse La torre invertida, pero recientemente he acabado una novela corta titulada Tutú que tiene como protagonista a una bailarina. Actualmente estoy inmersa en la escritura de una novela sobre los últimos años de la infancia y el principio de la adolescencia que aborda temas como la reconstrucción del pasado a través del recuerdo, el descubrimiento del amor, las primeras experiencias sexuales o el poder salvífico del arte.  


Tania Padilla (Córdoba, 1985) es licenciada en Filología hispánica y actualmente trabaja como investigadora en las universidades de Córdoba y Burdeos, donde realiza sus estudios de doctorado. En 2004-2005 disfrutó de una beca en la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores. Ha impartido talleres de escritura creativa y ha publicado artículos de investigación, cuentos y poemas en revistas y antologías de ámbito nacional e internacional. Ha publicado las novelas Nosocomio: el diamante negro (2013) y Un secuestro raro (Algaida, 2016), por la que recibió el I Premio Logroño para Jóvenes Escritores. Este año ha ganado el XXII Premio Ateneo Joven de Sevilla por la novela La torre invertida (Algaida, 2017), que acaba de ser publicada. 

lunes, diciembre 11, 2017

Slavko Zupcic - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Escribir sigue siendo un sueño que comenzó hace cuarenta y cinco años viendo el lomo de los libros de la biblioteca en que trabajaba mi madre. Luego dibujé, rasgué y comí (en ese orden) las páginas del Lazarillo de Tormes. Y un poco más tarde, pasé tardes infinitas de mi infancia viendo la firma de William Faulkner que (otra vez) mi madre, en Valencia de Venezuela, había logrado como ilustración para el tomo aguamarina de sus novelas editado por Aguilar. Este sueño se hace realidad en cada lectura, cada línea, cada cuartiento, cada libro, cada reunión literaria. Es un milagro que se sigue repitiendo, una llama libidinal que no se apaga, necesaria para vivir como el respirar, que alimenta permanentemente el fuego de la vida. En la primera entrevista de mi vida, hace veintinueve años, Maritza Jiménez, me hizo una pregunta parecida: “La poesía es el lugar al que siempre vuelvo le respondí. Tenía diecinueve años. Ahora tengo casi cincuenta e igual vuelvo: cada día, cada mañana, cada paso, cada mirada, letra y palabra.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Trabajador asalariado, soy capaz de escribir en cualquier situación. En el tren vacío o atestado de borrachos, sentado en la cama del médico de guardia o sobre la tapa del wáter para no despertar a los niños. Hay, sin embargo, una situación ideal que siempre busco y a veces encuentro: en la casa solitaria, con mi portátil sobre una mesa redonda que mi suegra decía era del siglo XIX, frente a una falsa pimienta llena de pájaros, con (por unos minutos) un fondo de piano que suene (preferiblemente) desde el surco de un vinilo.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

Resulta imprescindible hablar de la medritura, que no es otra cosa que el arte y la ciencia de vivir, trabajar y escribir como un medritor. Obviamente, no es un invento mío ya que médicos escritores ha habido siempre, pero es el manto  (la advocación) que he elegido para guarecerme. Sirve para recordar que la fusión entre literatura y medicina que permanentemente invoco no es casual, que no pasaría lo mismo con la ingeniería y tampoco con la astrología. La medritura es posible porque tanto el saber médico como el espíritu literario se acoplan sobre el hombre revistiéndolo todo, no como dermis y epidermis, sino como capas del tejido epitelial que lo recubre todo, mucosas e intimidades comprendidas. A partir de ella, a través de sus ojos, me interesan la enfermedad, la muerte, el ambiente hospitalario como área social, la respiración de las personas y, cada vez más, la vida y mirada del otro.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Me lo dio Sergio Pitol, un escritor a quien mucho admiro y que tuve la suerte de conocer en un taller literario en Barquisimeto, y lo repito siempre a quien quiera escucharlo o lo necesite: escribir y escribir, insistir siempre.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

Como si se tratara de las cuotas por pagar de la hipoteca, siempre pienso en los libros que quiero escribir y de una u otra manera los tengo programados por años, trienios o quinquenios. Pero, lo reconozco y agradezco, con el teclado frente a mí mayormente cambian las cosas, se multiplican, se desvían de una palabra a otra, página tras página. Busco entonces la vía del medio. Jinete mandón en los relatos; de paseo, dejándome llevar, en las novelas.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Primera respuesta: Mozart y Mendelssohn, que es una manera de hacerse el sueco (por la academia, no por la voz popular) aunque es una verdad absoluta ya que siempre los tengo cerca de mí.
Segunda (y autorizada) respuesta: Este manto de medritura que me protege sería imposible sin Carlo Levi y Alfred Döblin.
Tercera: la Biblia, como lectura santa y también profana, y Don Quijote de La Mancha.
Cuarta: Mis autores de siempre (de toda la vida, desde antes de los doce años, en la biblioteca de mi madre): Thomas Mann, Herman Hesse, Sinclair Lewis, William Faulkner, Jorge Luis Borges.
Quinta: Los escritores venezolanos: Guillermo Meneses, José Balza, Rómulo Gallegos, Rubí Guerra, Ricardo Azuaje, Juan Carlos Chirinos, Israel Centeno, Lena Yau y Fedosy Santaella.
Sexta: los uruguayos. Sin haber leído a Horacio Quiroga y Juan Carlos Onetti, seguramente no podría escribir. Sin los cuentos de Felisberto Hernández, la vida sería una cosa triste y gris, absolutamente desangelada.
Séptima: adoro la idea de que Juan Pablo Castel es un escritor que en un libro de ensayos, El Túnel, tiene un personaje que se llama Ernesto Sábato.
Séptima: mi amigo (porque es un gran escritor y porque la literatura es también un asunto de amistad, de fraternidad) Juan Carlos Méndez Guédez.
Octava: Paganini, Tartini y Chopin (porque la música es poesía pura y los suecos lo saben).

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.


En estas semanas presento y vendo un libro de relatos, Cementerio de médicos. Decir, saber y escribir que los médicos mueren y que por lo tanto tienen y merecen su cementerio literario es un hallazgo que la medritura comparte con las aseguradoras. Este libro es otro paso en el empeño de fusionar medicina y literatura, no desde el espacio médico ni literario, sino en este caso desde el pensamiento narrativo. Me explico: el narrador de estos relatos es médico o va a serlo siempre. En ello estriba su comprensión del mundo. Se apropia de la noción de que luego de la música la medicina es el único otro idioma universal existente y, como si todos los médicos del mundo tuvieran dificultades para auscultar el murmullo vesicular, hace de la medicina misma un cementerio del médico que emigra. Para más inri, el primero de los relatos es “Soluciones literarias a la muerte de mi suegra” que hace tres años obtuvo un accésit en el premio de relatos de la Organización Médica Colegial. El último relato es “Doctor Bogotá” que hace dos años fue publicado en Bogotana(mente) junto a un bellísimo texto-relato de Alejandra Costamagna. Quien lo compra viene luego a por otro y es necesario advertirle que se está llevando el mismo libro que había comprado y leído previamente, que no se trata de la continuación.


Slavko Zupcic nace en Valencia (Venezuela), en 1970. Escritor. Médico psiquiatra y médico del trabajo. Doctor en medicina por la Universidad Autónoma de Barcelona con una tesis de historia de la medicina intitulada El médico y el escritor: Andreas Rösclaub (1708-1835) y Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling (1775-1854). Entre sus títulos publicados, destacan la dramática evocación de la figura paterna en Dragi Sol (Fundarte, Caracas, 1989),  583104: pizzas pizzas pizzas (Fundarte, Caracas, 1995), el tono escatológico de la novela Barbie (Grupo Eclepsidra, Caracas, 1995), Tres novelas (El otro el mismo, Venezuela, 2006), las peripecias de una detective singular en Giuliana Labolita: El caso de Pepe Toledo (Ediciones B, Bogotá, 2006) y la versatilidad de registros de los relatos recogidos en Médicos taxistas, escritores (Sudaquia, New York, 2014). En 2015, publicó junto con Alejandra Costamagna Bogotana(mente) (Brutas editoras, Santiago de Chile - New York). A lo largo de casi treinta años de carrera literaria ha recibido varios premios y reconocimientos entre los cuales es necesario nombrar el Premio de narrativa de la casa de la Cultura de Maracay (1988), el Premio al Mejor artículo de humor del diario El Nacional (Caracas, 2006), el haber sido seleccionado para formar parte del grupo de escritores conocido como Bogotá  39 (Bogotá, 2007) y el Certamen Iberoamericano de las Artes (Organización Médica Colegial de España, 2014). Sus cuentos forman partes de diferentes antologías venezolanas e iberoamericanas. Textos suyos han sido traducidos a los idiomas portugués, italiano, alemán, inglés, húngaro y francés. Actualmente vive en Valencia (España), trabaja como médico de urgencias hospitalarias en el Consorcio Hospitalario Provincial de Castellón, es columnista del periódico Mediterráneo de Castellón y actualiza semanalmente su blog Cuartientos de Slavko Zupcic. Vive y se presenta, no como médico y escritor, sino como “medritor”, especialista en psiquiatría, medicina del trabajo, historia de la medicina y narrativa.

sábado, diciembre 09, 2017

Reseñas de "Cierta distancia"

Dejaré en esta entrada los enlaces a dos reseñas sobre mi último libro "Cierta distancia. Manual de supervivencia para amantes de la literatura".

Elena Casero, en su blog "De libros y lecturas". En este enlace.

Juan Herrezuelo, en su blog "Los pasadizos del Loser". En este enlace.

Mil gracias.


También dejo el enlace a la sección "No le des más vueltas" del programa de radio "La mañana es nuestra" de Radio Marca, donde tuvieron la gentileza de invitarme. Muy agradecido a Miguel Esteban y a David Cabezas. Pulsar aquí

miércoles, diciembre 06, 2017

Marta Sanz - Clavícula


En mi caso, no era buena idea leer este libro, pero fue uno de esos textos que empiezas y ya no puedes parar. Marta Sanz cuenta que durante un viaje en avión sintió un dolor extraño que define como "la presencia de una costilla bajo el pecho izquierdo. Y, en la costilla, detecto una pequeña cabeza de alfiler que súbitamente se transforma en una huella de malignidad". Entonces, yo ya sabía que iba a experimentar todos los síntomas que Marta Sanz describiría, porque soy un poco hipocondríaco, o sería mejor decir alarmista, es decir, que en cuanto siento la más mínima molestia pienso que se trata de algo muy grave y que mis días están contados. Conozco a Marta y a su marido, y los encuentro en este libro, como si nos reuniésemos a charlar. Verás, yo creo que lo que siempre se ha conocido como crisis de los cuarenta ha pasado a suceder a los cincuenta, y todos esos dolores, esos síntomas, esos pinchazos desconocidos, son en realidad la materialización del miedo a la muerte. Sí, ella habla también de esto en el libro, con absoluta sinceridad, a pecho descubierto. Nos cuenta su itinerario médico, las pruebas a las que se somete, los repentinos ataques de angustia. Nos abre las puertas de su vida y nos la muestra, sin maquillaje, tal cual.

Supongo que es general el hecho de llegar a una determinada edad y empezar a analizarse, a estar alerta de los mínimos síntomas. ¿Y si voy de viaje solo y me muero? En un hotel, por ejemplo. ¿O si me atraganto en un restaurante y caigo al suelo llamando la atención de todos los presentes y, de paso, cortándoles la digestión? Pesadillas cotidianas que se acrecientan gracias a los medios de comunicación. Nos dicen que hay una campaña para distribuir desfibriladores, debería tranquilizarme pero, por otra parte, ¿cuántos infartos deben estar produciéndose al día para que se tome una medida así? Y yo estoy en los grupos de riesgo, siempre me lo dicen. Debería hacer deporte, lo sé, quizá empiece mañana mismo…

Es valiente Marta Sanz. Ya lo sabía. Es una de esas escritoras que se la juega en cada uno de sus libros. La literatura no es una impostura para ella, es una autora de raza, arriesgada, que se vuelca en su escritura, que se reta a sí misma en cada proyecto. Y demuestra una y otra vez que el verdadero escritor tiene un compromiso ineludible consigo mismo. No se escribe para la galería, se escribe por necesidad, para interpretar la realidad, para analizarla, para intentar extraer su esencia, si es que la hay. Así que en Clavícula habla de cosas que pocos escritores se atreven a abordar. Habla de dinero, de vida cotidiana, de miedos, de menopausia, de angustia, de viajes, de relaciones personales, de literatura y de intimidad. Admite varias veces su impudor, pero es necesario, es lo que se ha propuesto hacer y lo contrario sería un fraude. Ha decidido no disfrazarse de personaje, no jugar a si esto es cierto o es falso. El compromiso es firme.

Ay, por un momento he estado tentado de calificar este libro de "inclasificable", lugar común que además sería falso, claro que se puede clasificar este libro, pero resulta incómodo hacerlo, porque se trata de un libro que a partir de un episodio autobiográfico, jugando con el humor y con la honestidad, se convierte en una pedrada llena de aristas, en una lectura que nos hiere, que nos recuerda que somos mortales. Así, se podría emparentar con Ebrio de enfermedad (y otros escritos de vida y muerte) de Anatole Broyard, pero también con Cómo sobrevivir con 36000 dólares al año, de Francis Scott Fitzgerald.

Clavícula, que pese a su extensión pretende abarcarlo todo, utiliza muchos recursos. Incluye un cuento, un poema, fotografías, e-mails… porque tiene un afán de globalidad, de mostrar las diferentes caras de la autora, o mejor dicho, de sus esfuerzos por sobrevivir, por seguir adelante.

"Cuando escribo -cuando escribimos- no podemos olvidarnos de cuáles son nuestras condiciones materiales. Por eso pienso que todos los textos son autobiográfico y a veces la máscara, las telas sinuosas y las transparencias que cubren el cuerpo son menos púdicas que una declaración en carne viva", leemos en la página 50.


Clavícula es un libro arriesgado y divertido a la vez, un tour de force que merece ser valorado, no sólo por su honestidad, sino por su calidad.

lunes, noviembre 27, 2017

Haidu Kowski - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Es lo que mejor hago...

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

No tengo, puedo escribir en cualquier lado...

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

La injusticia, el dolor, el amor, las drogas, el sexo...

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

Todo es mentira, todo es ficción.
Si no me gusta se escribe de nuevo, no hay corrección.

5.- ¿Eres de los que se deja llevar por la historia o de los que lo tienen todo planificado desde el principio?

La novela manda.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

La vida, instrucciones de uso de Perec.
2666 de Bolaño.
y muchos cuentos de Borges.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Instrucciones para robar supermercados, salió por Tusquets hace muy poco, tardé ocho años en terminar la novela, con tres rescrituras de cero. Es una novela adictiva, lo fue al momento de escribirla y los lectores me devuelven ahora esa misma sensación. 


Haidu Kowski. Met, El muerto, su primera novela, fue finalista del concurso del diario La Nación y publicada por el Grupo Editorial Sudamericana en diciembre de 2001. Días en Venecia (2008) fue publicada por la Editorial Paradoxia. Su novela Cartas de un psicópata enamorado fue publicada por la editorial Hypatia en México. Su libro sobre reflexiones del juego y la vida: Estrategias del poker para la vida fue publicada por Ediciones B en noviembre 2015. Instrucciones para robar supermercados su nueva novela fue publicada por Tusquets 2017.
En el 2006 creó el Jam de Escritura, novedoso evento de improvisación de escritura en vivo, con sedes en Buenos Aires, México DF, Barcelona y Caracas, que en la actualidad cuenta con más de 300 producciones realizadas en todo el mundo.
Curó y coordinó la sección “Letras“ de la Bienal de Arte Joven 2013 en el KONEX.
Fue editor de la revista de narrativa y poesía "Pisar el Césped" con distribución en Argentina y España. Enseñó guión cinematográfico en la universidad de cine TEBA y en el Centro de Investigación Cinematográfica (CIC). Enseñó literatura en el Colegio Nacional de Buenos Aires y en el Colegio Pellegrini -dependientes de la Universidad de Buenos Aires-. Dictó Marketing Cultural en la Universidad 3 de Febrero (UNTREF).
Asesoró editorial y estratégicamente a la revista Haciendo Cine y Fuera de Hora. Fue Director Ejecutivo Los Inrockuptibles -versión en castellanos de la prestigiosa revista francesa- y la Guía Inrocks. Creador de la revista turística BAG (Buenos Aires Guía). Desde el 2009 es editor de la revista bimestral POKERFACE para todo LATAM con 25.000 ejemplares de tirada.

Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, Cine en el Centro de investigación Cinematográfica (CIC) y Marketing en la Escuela Argentina de Negocios.

martes, noviembre 21, 2017

Fernanda Trías - Cuestionario básico


1.- ¿Por qué escribes?

Es una pregunta curiosa. Digo curiosa porque nunca se le pregunta a un carpintero por qué trabaja la madera o a un arquitecto por qué construye casas. Me pregunto si se debe al carácter en apariencia inútil de la escritura: ¿por qué haces esa cosa tan inútil como escribir?, parecería ser la pregunta. Que a su vez nos llevaría a discutir otras cuestiones. Si le preguntáramos, entonces, al arquitecto por qué construye casas, nos respondería “porque eso es lo que hacen los arquitectos”. Yo escribo porque eso es lo que hacemos los escritores. Ahora, si me preguntaran ¿por qué soy escritora?, tendría más dificultades para responder. Tendría que contarles cantidad de cosas sobre mi infancia, sobre mis intereses, mi personalidad. Y aun así habría elementos misteriosos e inexplicables.

2.- ¿Cuáles son tus costumbres, preferencias, supersticiones o manías a la hora de escribir?

Antes tenía muchísimos rituales, pero me he ido deshaciendo de ellos, para mi fortuna. Los rituales solo me quitaban tiempo, porque si no encontraba las condiciones ideales, no podía escribir por ese día. Ahora las condiciones que necesito son simples, aunque no por eso fáciles de lograr: necesito silencio absoluto y estar sola en la casa o la habitación. No puede haber nadie merodeando mi espacio de trabajo, me produce mucha ansiedad.

3.- ¿Cuáles dirías que son tus preocupaciones temáticas?

En La azotea está el tema del pensamiento obsesivo, la paranoia, la claustrofobia y el tema del padre, que es uno de los grandes temas de la literatura. Creo que en todos mis libros aparece, en mayor o menor medida, la pérdida. En Cuaderno para un solo ojo la obsesión amorosa se unía al pavor de la pérdida. En La ciudad invencible y en No soñarás flores se suman preocupaciones sobre la conformación de la identidad y sobre cómo apropiarse de un espacio geográfico que no es el propio.

4.- ¿Algún  principio o consejo que tengas muy presente a la hora de escribir?

No autocensurarme.

5.- ¿Eres de las que se deja llevar por la historia o de las que lo tienen todo planificado desde el principio?

No me gusta tener todo planificado porque me aburre, me quita las ganas de escribir. Si ya sé lo que va a pasar, ¿para qué escribirlo? Claro que hay pistas, hay atisbos, no avanzo completamente a ciegas, pero escribir para mí es ir descubriendo las posibilidades de la idea o imagen inicial.

6.- ¿Cuáles son tus autores o libros de cabecera?

Poetas como Jorge Eduardo Eielson, José Watanabe o Blanca Varela (soy una enamorada de la poesía peruana). Los uruguayos Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández. Escritoras anglosajonas como Flannery O’Connor, Carson McCullers y Katherine Mansfield, entre otras. Y mis amigos imaginarios: Witold Gombrowicz y Thomas Bernhard.

7.- ¿Podrías hablarnos de tu último proyecto? Bien lo último que hayas publicado o lo último que hayas escrito o estés escribiendo.

Lo último que publiqué es un libro de cuentos que se llama No soñarás flores. Tienen en común que todos ocurren en las ciudades donde he vivido, o sea que es un libro atravesado por la itinerancia. Hay cuentos que transcurren en Buenos Aires, Berlín, Francia (Marnay-sur-Seine), Nueva York. Algunos son más redondos, en otros intenté experimentaciones formales, como el cuento “Inzúa”, que incluye fragmentos textuales de una entrevista que le hice al sepulturero capataz del Cementerio Central de Montevideo, o como “Anatomía para un cuento”, que va contando la historia a la vez que juega con las dificultades a las que se enfrenta la autora para escribirla y que es un ejercicio de autoficción.


Fernanda Trías (Montevideo, 1976), narradora, traductora y profesora de escritura creativa. Realizó la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Nueva York. Publicó las novelas Cuaderno para un solo ojo, La azotea y La ciudad invencible, y el volumen de cuentos No soñarás flores. En 2004 obtuvo la beca Unesco-Aschberg para escritores y se estableció en Francia. Así empezó un período itinerante que aún no termina y que incluyó las ciudades de Berlín, Buenos Aires, Nueva York, Valparaíso y actualmente Bogotá. En 2006 obtuvo el premio a la Cultura Nacional de la Fundación Bank Boston. Obtuvo el premio-residencia SEGIB-Eñe-Casa de Velázquez 2017 para desarrollar el proyecto de novela Mugre rosa, que la llevará a instalarse en Madrid a partir de 2018. Actualmente es profesora en la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.